Fundamentación

La inactividad y el aislamiento dentro de la familia o instituciones, el embotamiento personal de una vida sin proyectos, conservan y agravan los síntomas patológicos, confinando al individuo a una vida marginal.
La inserción en el mundo laboral dota a la persona de un proyecto de vida a través del desempeño de un trabajo. Hay que tener en cuenta que los condicionantes de la invalidez social obedecen a factores propios de la enfermedad y del ambiente (escuela, trabajo, familia), por tanto, cualquier estrategia rehabilitadora debe afrontar esta doble realidad.

El trabajo es un factor de integración y normalización que puede convertir a la persona con enfermedad mental crónica en la persona perteneciente a un grupo: el desempeño de una actividad supone en muchos casos la línea divisoria que distingue a quien pertenece al grupo social y a quien resulta marginado. Esto es así porque el trabajo genera conductas similares a las que la sociedad reconoce como propias y fomenta hábitos de conducta que identifican al sujeto como integrante de esa sociedad; del mismo modo, el trabajo genera conductas que el propio individuo reconoce como pertenecientes al grupo.

El trabajo aporta una serie de aspectos positivos que permiten el desarrollo psicosocial y ocupacional de la persona. Entre estos aspectos destacan:

  • Aportación de medios económicos que garantizan el acceso a bienes y servicios.
  • Facilita la integración de creencias, valores, expectativas y normas sociales.
  • Potencian la autoestima.
  • Aporta una identidad personal y roles activos.
  • Estructura el tiempo y facilita la adquisición de hábitos diarios paralelos en el ámbito familiar, ocio, cuidado personal, etc.
  • Favorece el desarrollo de competencias y el deseo de mejorarlas.
  • Es una fuente de interacción, comunicación y contacto social.
  • Facilita la continuidad y paralelismos de la persona en la trayectoria y avance socio-comunitario con sus grupos de interacción y grupos de iguales.

Con este programa de Rehabilitación Laboral pretendemos la adquisición, recuperación o potenciación de aquellos conocimientos, hábitos y habilidades necesarios para conseguir la integración laboral plena de aquellas personas con enfermedad mental que participen en este proyecto.

Pero hay que tener en cuenta que no hay un proceso rehabilitador igual a otro: mientras unas personas podrán evolucionar hacia una integración normalizada en la vida social; otras, también susceptibles de mejorar su funcionamiento y habilidades, conseguirán metas más modestas, pero también muy importantes para su desarrollo. Este último grupo también deberá recibir apoyos continuados y dirigidos a la obtención de nuevos progresos.

El desempeño de un trabajo, permite a la persona con una enfermedad mental crónica adquirir un rol normalizado (o rol del trabajador/a) por encima del rol de enfermo. El trabajo tiene un doble valor para la persona:

  • El valor intrínseco del desempeño de una actividad y sus beneficios: sociabilidad, organización del tiempo, refuerzo de la autoestima, independencia social y económica, etc.
  • El valor terapéutico por el que el trabajo va a incidir directamente sobre su estado defectual, mejorará su funcionamiento, aumentará la valoración que la persona tiene de sí misma, le permitirá normalizar sus conductas, etc.

El vehículo más eficaz para separar a la persona de su rol de persona con enfermedad mental es el trabajo, entorno en el cual se despliega la vida de las personas.

  • Dificultades de empleabilidad de las personas con enfermedad mental.

Existen seis grandes grupos de dificultades con que se encuentran las personas con enfermedad mental a la hora de encontrar y mantener un trabajo:

1. Las derivadas de la pérdida de salud: el desconocimiento sobre lo que les ocurre provoca actitudes negativistas, defensivas, pasivas, …
2. Las derivadas de la sintomatología de la enfermedad: los diferentes síntomas de la enfermedad mental tales como déficit conductuales, trastornos obsesivos, déficit cognitivos, etc., interfieren en el desarrollo de competencias profesionales.
3. Los derivados del prejuicio social: el estigma social producido por tener una enfermedad mental visible a los/as otros/as es una carga que puede llegar a afectar en todas las actividades de la vida cotidiana. Los medios de comunicación no ayudan a terminar con esta imagen estigmatizada que se tiene de las personas con enfermedad mental.
4. Las derivadas del propio mercado laboral: dentro del mercado formativo laboral, se suceden cambios muy rápidos. Esto hace que las personas con menores capacidades de adaptación sean más vulnerables a quedarse descolgadas del avance social con las consecuencias negativas que conlleva. Este desfase social repercute en muchas áreas, entre las que destacamos las dificultades en la empleabilidad.
5. Las derivadas del entorno familiar y cercano: A veces los/as familiares y el entorno social más cercano, no reaccionan de la forma más adecuada ante la enfermedad mental, muchas veces se actúa desde el desconcierto y desde la desesperación, siendo estas malas herramientas para fomentar el desarrollo ocupacional y profesional en la persona que padece la enfermedad.
6. Los derivados de los sistemas de atención sociosanitarios: éstos no están acostumbrados a manejar el área profesional de las personas con enfermedad mental. No existen metodologías de evaluación ni de intervención comúnmente utilizadas en los recursos socio sanitarios, con las repercusiones negativas que esto produce en los afectados y familiares (lagunas formativo-laborales, itinerarios poco ajustados y expectativas poco realistas).

Todas estas dificultades pueden desencadenarse en cuatro momentos puntuales del proceso de desarrollo profesional:

  • En el desarrollo de la madurez ocupacional.
  • En el desarrollo de un itinerario laboral.
  • En la adquisición o búsqueda activa de empleo.
  • En la ejecución y mantenimiento de un empleo.

La condición de desempleado entre las personas con enfermedad mental es algo frecuente y refleja la gran dificultad para elegir, obtener y mantener un empleo tal y como funciona el mercado laboral actual. La experiencia de permanecer crónicamente en paro, aun contando con ayudas o pensiones, es altamente negativa para estas personas. Por ello, consideramos que debe ser un objetivo inmediato que la persona con enfermedad mental supere las limitaciones derivadas de la enfermedad, para así después empezar a trabajar con el fin de aumentar la empleabilidad de estas personas.